ir arriba Con Una Cerveza... El Blog del PerroChelero: Cuentos de Cantina (48)

Pues que el HS nos manda un correo a todos, diciendo que Cuentos de Cantina debe regresar y que al día siguiente el buen Sp-Peter me mando este pequeño relato, se los dejo la verdad creo que con solo leerlo podrán saber que es de él, bueno si han leído lo que nos ha mandado.

 Saludos Jóvenes Ilustres.


La caída del cobarde
(La Rebelión del Idiota)

Todo paso demasiado rápido, aun me preguntaba acerca de lo que estaba haciendo ahí en el suelo, con aquel tipo tomándolo del cuello mientras mi puño se encontraba levantado, a punto de asestar el ultimo golpe, quizá el fatal... Sentía algo caliente sobre mis mejillas, lo cual después supe que eran lágrimas, no, no eran de tristeza, eran de otra cosa.

Cuando me di cuenta, le vi a la cara, de su nariz salia sangre y una herida prominente sobresaltaba en su frente, sus ojos delataban terror al momento de cruzarse con los mios. No supe como reaccionar, me quede un rato ahí petrificado mientras los demás compañeros del salón veían aquella escena, quizá tan extraña debido a lo violento en que se dieron las circunstancias.

Fue entonces cuando sentí en mi brazo la presión de aquel pedazo de vidrio que ese sujeto tenia en la mano, traspaso la tela de la sudadera enterrándose en mi piel, no sentí dolor al instante, solo un pequeño piquete y nada mas.

Lentamente volví la vista hacia aquel lugar y mire como la sangre comenzó a brotar, aquel chico seguía viéndome con aquella mirada... De asombro mezclado con miedo. Me sentía adormecido, pero sabia que debía de ir a tratar aquella herida, solo me levante, me quite la sudadera escolar y con ella tape la sangrante herida mientras corría pisando algunos vidrios en mi camino hacia la puerta de salida.

Cuando llegue a los baños abrí la llave y deje que el agua se llevara aquel color carmín. Fue el dolor lo que me regreso completamente a la realidad: había hecho algo terrible, algo que me marcaría para toda mi vida. Me mire al espejo y aquel blanco inmaculado de la playera de deporte se corrompía por manchas rojas la cuales sabia que no eran mías.

Sentí miedo al pensar en lo que había hecho, recordar todo lo que paso en aquel salón de clases. Entonces cuando la sangre comenzó a parar, el sonido del timbre de salida se escucho.

Cuando regrese al salón, el conserje ya estaba barriendo y acomodando el caos que ahí reinaba, el vidrio roto solo se detenía a pedazos y las butacas que aun estaban tiradas eran prueba tangible de lo que había sucedido.

El director de la escuela entro en ese momento y me miro como quien analiza un objeto extraño. Sus palabras eran terminantes, al siguiente día tendría que llevar a mis padres para aclarar el hecho que había sucedido, de lo contrario seria expulsado del plantel.

No sabia como se lo diría a mis padres... mamá llegaría después de la hora de la comida, mientras papá, hasta anochecer. Cuando llegue a casa, saque de la mochila aquella sudadera ensangrentada, la expandí y mis ojos toparon con aquella abertura del brazo y como si leyera en un pergamino comencé a recordar lo que había pasado...

-Que tranza pendejo...- dijo aquel chico al momento que me daba un golpe en la espalda mientras estaba sentado en la butaca.

-¿Que, la vas a hacer de pedo?- Enseguida propino otro golpe pero esta vez en la cabeza -¡Toma! Maldito imbécil para que vayas otra vez y me acuses con tu mami.

-Por favor ya no me pegues- Recuerdo que le dije en voz baja.

-¡Cállese cabrón! Y haber que traes en tu piojero... - Dijo mientras agarraba mi mochila y esculcaba en ella buscando dinero o algo de valor.

Sabia que en esos momentos estaba solo, Carmen estaba enferma y reposaba en su casa, Gervacio había salido temprano para su cita al dentista y los demás del salón no se atrevían a desafiar a aquel bravucón.

-¿Que es esta mamada? - Dijo aquel sujeto mientras sujetaba en sus manos el comic de colección que traía de “El hombre Mega Poderoso”. La miro unos instantes y la rompió frente a mi cara.

Si hubiera sido cualquier otro comic no habría dicho nada ni hecho nada, pero aquella era especial. Mi madre me la había regalado el día de mi cumpleaños y como era edición de colección sabia demasiado cuanto le había costado encontrarla. Fue el recuerdo de mi madre mientras me regalaba aquel detalle lo que me hizo encenderme en un mar de ira.

Lo primero que hice fue quitarle la mochila, mi historieta se la arrebate y solté un puñetazo en la cara seguido de una patada en los testículos haciéndole doblarse sobre su estomago...

Hubiera querido decir que la violencia termino ahí, pero no fue así, recordé cada golpe, cada humillación y eso me enfureció aun mas, tanto que ni siquiera atendí a sus suplicas de perdón, arroje butacas contra él, le tome por los cabellos levantándole y le restregué la cara en el vidrio haciendo que este se partiera, su cabeza choco con la reja de protección que de no haber estado ahí, posiblemente el habría salido disparado hacia afuera.

Le tire al suelo y ahí lo abatí a golpes hasta que vi aquel velo de terror en sus ojos, fue entonces cuando la voz de la razón grito en mi mente “¿Que estas haciendo?”... Estaba golpeando despiadadamente a alguien... estaba siendo peor que él, no estaba siendo yo mismo. Fue entonces cuando mis lágrimas comenzaron a caer. Los demás compañeros de clases miraban aterrorizados lo que estaba haciendo.

Ahora lo se, aquel acto de ensartar el vidrio en mi brazo no fue para continuar la pelea, era un acto de supervivencia de aquel tipo...

Cuando mi madre llego a casa, me encontró sacando la sudadera de la lavadora mientras que la playera blanca deportiva yacía en el suelo, se preocupo por saber acerca de lo que me había pasado y tuve que contarle todo. Pensé que me reprendería, en vez de eso me reconoció el haberme defendido, pero también dijo que la violencia nunca es un buen camino.

Sabia que había hecho mal a alguien y que tenia que asumir las consecuencias, no tenia miedo de que me expulsaran de la escuela, en esos momentos mi miedo era el saber que yo era capaz de hacer algo como eso.

Ser un hombre fuerte era lo que quería demostrar, pero ahora solo quede como una amenaza frente a todos los demás, cruce la delgada linea entre el bien y el mal. Llegue a ver a aquella otra persona dentro de mi que nunca quise conocer.

A veces, cuando la ira nos domina, hacemos cosas que mas tarde nos arrepentimos y que quedan grabadas en nuestra mente como pesadillas. Quizá esto que siento es lo que la gente le llama remordimiento.

Se que aquel tipo no volverá a molestarme, pero no era la manera que tenia en mente para librarme de él. Así no...

Aun no se que le diré a papá cuando vuelva...


5 Comentarios:

Por cierto ya estamos trabajando en otro cuento colaborativo, a ver que sale.
Saludos.

jijo que buena historia, y pensar que todos o la gran mayoria lo vivimos, ya sea de un lado o del otro, yo en su momento fui ambos y pague las consecuencias debidas.
Quien como peter para relatarlo tan bien

P.D: es genial regresar al bar chelero, y mas aun cuando regrese gracias a los cuentos de cantina

muy buen relato!!! Cuentos de cantina es ya toda una tradicion chelera!! Excelente Muy buenos aportes de Nestor y todos nuestros colaboradores literarios!!!

Peter solo puedo decir que lo disfrute mucho :D

Gracias por los comentarios, ya me estoy animando a hacer otro... Nomas que el jale me deje un espacio XD.