ir arriba Con Una Cerveza... El Blog del PerroChelero: Cuentos de Cantina (50)

Cuentos de cantina llega a las 50 publicaciones, ósea que entre colaboraciones y cuentos de algunos escritores ya reconocidos hemos escritos 50 cuentos.
Muchas gracias a toda esa gente que se dio el tiempo de escribir algo y mandármelo, pero le agradezco mas a esa gente que se dio el tiempo de leerlos y comentarlos, ya que es por ustedes que hemos hecho estas publicaciones.
 Para este post numero 50 volvemos con un nuevo cuento compartido, que empezó el buen SP-peter continuo el buen Lalo y que termino nuestra querida Luzy.
Espero que sea de su agrado y de nuevo muchas gracias!!!

 La delgada frontera del ser humano 
 Parte 1 Sp-Peter

Primero como un diminuto y fino circulo, uno tras otro en una evolución excelentemente coordinada haciendo que crezcan uno detrás de otro. Primero la gota, cayendo hacia el suelo ligeramente inundado, después el despliegue de aquellas ondas incoloras pero atractivas ante ojo expectante de Porfirio. 
Esperaba con una calma difícil de explicar, debajo de una solitaria caseta de parada de autobús, azotada por una lluvia incesante. Llevaba una sudadera roja con el gorro puesto, ocultando bajo su sombra aquellos ojos café oscuro, sus pantalones de mezclilla aparecían salpicados por el efecto del choque de las gotas de agua con el suelo. Esperaba sin prisas, ¿Que esperaba? No lo se. Porfirio era un hombre extraño al los ojos de los demás, siempre solitario, tímido, un sujeto que bien podría pasar desapercibido en medio de toda una multitud de gente, quizá moriría mañana y nadie notaria la diferencia. 
Estaba solo ahí, sentado en medio de la nada, en una carretera en que el transito no era muy frecuente. La luz del día se estaba extinguiendo, anunciando el pronto obscurecimiento. Las luces de alumbrado público comenzaron a encenderse excepto la mas cercana a él. Profirio estaba metido en sus pensamientos, meditando sobre aquel secreto que desde hace días le había llevado a alejarse de la vida diaria. Abandono su trabajo, su departamento, nadie sabia donde se encontraba, y seguramente a nadie le interesaba. Se sentía diferente, como una pieza negra de ajedrez en medio de un tablero con piezas blancas. De pronto, el haz de luz de un auto que paso por ahí a toda velocidad le regreso a la realidad, ya había oscurecido. Todavía absorto por los pensamientos que nublaban su mente, se levanto y comenzó a caminar bajo la lluvia que ya estaba ahora tranquila y monótona. 
Contemplaba el casi interminable camino iluminado por las lamparas. Caminaba sin prisas con las manos en los bolsillos. Todo habría sido una imagen común de un tipo caminando bajo la lluvia a la orilla de la carretera, excepto por que cada vez que pasaba debajo de una lampara pública, esta parpadeaba y finalmente se apagaba para de nueva cuenta encenderse cuando Porfirio ya se encontraba lejos. Aquel hombre de complexión delgada sabia que la vida de soledad era mejor que ser tratado como un fenómeno, por eso mismo vivía al margen de la vida común entre autos y edificios, hacia lo posible por evitar grupos congregados de personas, sobrevivía haciendo trabajos temporales con los cuales compraba comida, nunca pasaba en el mismo lugar dos veces, para no despertar sospechas. ¿Que es lo que le había llevado a ser como lo era ahora?, lo ignoraba, solo sabia que de una día para otro, las cosas comenzaron a cambiar a su alrededor. 
Todo comenzó cuando en su trabajo, por la mañana, toda señal inalámbrica había caído, celular, internet, televisión y radio estaban muertos. Esperaba ver por su computadora las ultimas noticias del frente de la guerra pero para su sorpresa, el Internet había dejado de funcionar. Salio de su oficina y se fue hacia la calle, para comprar un poco de agua, al llegar al mostrador de la tienda, una mujer llamaba por teléfono animadamente mientras esperaba en la fila. De pronto la señal del dispositivo móvil se perdió y la mujer comenzó a intentar volver a llamar con resultados estériles. Porfirio pensó que quizá era pura casualidad y siguió su camino, pago el agua y regreso a su trabajo solo para ver que mientras él había estado fuera, las comunicaciones inalámbricas se habían restablecido para nuevamente caer cuando apenas llegaba a su lugar. Desde ese momento, supo que las “casualidades” podrían ser mas serias de lo que pensaba. 
¿A caso estaba por nacer un héroe? Lamentablemente no, Porfirio no tenia personalidad heroica, huía de los problemas cada vez que podía y siempre buscaba no llamar la atención, le asustaba la violencia y prefería vivir siempre en paz sin molestar a nadie. El sonido de una explosión le saco de sus pensamientos, devolviéndole nuevamente a la carretera y la lluvia. Rápidamente fue ocultarse detrás de un árbol, lentamente comenzó a mirar hacia donde había sido la detonación y miro desde aquella zona alta del camino las llamaradas que comenzaban a salir de la ciudad frente a él, como un coloso sangrando humo que era despedido hacia el cielo obscuro. 
El frente de batalla había comenzado a llegar a la ciudad a donde pensaba ir. 
-Debo hacer algo-Pensó, pero sus pies no se movieron. -¡No! Se lo merecen. Todos ellos se merecen lo que sufren.- Se decía como para convencerse de que estaba en lo correcto.-No es de mi incumbencia... yo no soy un puto héroe que va y salva gente imbécil de sus problemas que ellos mismos provocan. 
El viento comenzó a soplar y trajo consigo los primeros sonidos del terror que sucedía frente a sus ojos. Escucho los gritos de ayuda, los de pánico, los de tristeza y desesperación. 
-¡No! Esto no debe de interesarme, esa gente es desconocida para mi, no me importan en lo absoluto, mejor ellos que yo... ¡No! Tengo que hacer algo... 
Pero yo solo no podre contra todos esos carros blindados, ni con los mortíferos soldados cibernéticos.- Se volvió a repetir. Había comenzado una batalla interna, sabia que acudir en ayuda de aquellas personas representaría un riesgo en el cual quizá resultaría muerto, pero por otra parte, si no ayudaba, cargaría con el estigma de no haber hecho algo. 

 Parte 2 Nestor. 

Los gritos se hicieron más fuertes, quiso voltear a ver pero sabía que eso lo haría correr en su ayuda, puso su capucha sobre su cabeza, dio la espalda a las llamaradas y se encamino hacia las afuera de la ciudad. En su interior seguía una lucha por regresarse para ayudar, pero el poder detener las señales de comunicación en nada ayudarían, -no podre detener una bala mucho menos la bala de un mortero a que voy! Siguió su camino y los recuerdos lo empezaron a atormentar, el coraje le empezó a llenar de un mal sabor de boca, las lagrimas iban saliendo, primero una que otra acompañada de un sollozo, pero ahora salían al por mayor, su mal sabor de boca se bajo como un nudo en el estomago, se tiro al suelo, con los puños crispados el llanto se volvió dolor y el dolor coraje. 
Con fuerza grito poniendo sus manos en cruz, como esperando que la lluvia le arrebatara la vida y su grito fue tan desgarrador que la lluvia le contesto…. Un rayo atravesó su ser, un rayo que al caer en la tierra exploto y lo hizo volar por los aires, los cables de luz que pasaban por su cabeza quedaron achicharrados, el suelo quemado, y algunas hiervas alrededor seguían encendidas. 
A 10 metros de ahí Porfirio estaba tirado sobre un charco de agua, no podía mover ningún musculo pero sus percepciones estaban ahí, sus recuerdos, sus sentimientos y una extraña sensación de que había algo mas! 

Parte 3. Lalo 

 Dolor..... como siempre dolor pensó mientras dejaba de sollozar para darle paso el enojo. ! Otra vez jodiéndome la existencia si esta es tu manera de decirme que debo actuar, debo decirte maldito que puedes ir al infierno ida y vuelta! -Grito mientras volteaba al cielo, que de pronto había comenzado de nuevo a derrumbarse sobre el. Como pudo fue incorporándose, volteo a ver la ciudad ardiendo detrás de el y se pregunto en silencio si acaso tendría que huir toda su vida, si era como una eterna presa que no deja de ser devorada por la fiera y solo se limita a enseñar a sus descendientes sobre como llevar a cabo la perfecta huida. 
Ese tipo de preguntas lo llevaron a recordar un vídeo que vio cuando era niño, en el que una manada de búfalos comenzaron a mostrar signos de organización, dejando de ser presa de los leones y dando paso así al rompimiento de una larga cadena que ellos no habían decidido seguir mas. En ese entonces le había causado asombro ver por la televisión de su abuelo la cara de los leones, entre sorprendidos y asustados por los papeles invertidos, los pobres no sabían como huir, esa táctica no estaba en su sangre o su historia y eso los había llevado finalmente a ser rodeados por la manada de búfalos que los aplasto sin piedad. 
El valiente vive hasta que el cobarde quiere, le dijo su abuelo al notar su cara de asombro. ¿Y si yo soy el que empieza a romper las cadenas que nos han atado? -Se pregunto de pronto. Yo se bien que no podría parar una bala o recibir un cañonazo así como así , pero tal vez podría utilizar mi don para afectar las comunicaciones de los tiranos, o generar confusión, o tal vez sufriendo un poco estudiándome y esforzándome pueda llevar a cabo otras cosas que no sean descomponer, a lo mejor todo esta en mi mente, a lo mejor y mi abuelo tenia razón y vine al mundo a construir mas que destruir. 
Porfirio no se dio cuenta, pero en algún momento cuando mas absorto estaba en sus pensamientos, sus pasos habían virado, y se enfilaban a la ciudad ardiente, el no lo quiso así, fue algo inexplicable, quizás el rayo, quizás el recuerdo de los búfalos quizás algo dentro de el había dejado de ser el cobarde, el que siempre huía. Así entro a la ciudad, sin darse cuenta, el seguía pensando en ser como el primer búfalo que enseño a otros a rodear a los leones, en ayudar, en darle algo a los demás a pesar de siempre haber sentido que el mundo entero estaba en deuda con el, por que mas que aportarle le habían quitado. 
De pronto un grito de dolor lo devolvió a la realidad; justo frente a el un niño de aproximadamente doce años abrazaba a su hermana mas pequeña. ¡Señor ayúdeme, no sé dónde está mi mami y mi hermana no despierta, sé que aun respira por que me acerco el oído a su pecho y se escucha muy quedito su corazón! –Le dijo sollozando. Porfirio sin pensarlo tomo entre sus brazos a la niña y mirando al niño le dijo-Vamos a buscar un hospital cercano, ella estará bien, te lo prometo. 
Caminaron dos cuadras entre gritos, balas y explosiones, tratando de hacerse humo hasta que lograron llegar al hospital sur que se encontraba completamente vacío, al parecer habían tenido tiempo de evacuarlo antes del ataque así que no había un solo doctor o enfermera por el edificio. 
Porfirio no sabia nada de medicina, ni primeros auxilios y por como veía las cosas la niña estaba debatiéndose entre la vida y la muerte. Debemos actuar rápido pensó mientras le sonreía al niño como queriendo con ellos darle calma. Ojala y lo que dicen las películas es cierto le dijo al niño. Debemos buscar la sala de emergencias, revisar si no tiene heridas y tratar de hacer algo para que su corazón no lata tan débil. Encontraron después de unos minutos la sala, pero el estúpido Don de Porfirio se hizo presente, no pudiendo echar a andar ningún aparato, todo intento resulto inútil, hasta que asi lentamente fue notando que la niña dejaba de respirar. Falle la promesa que te hice…. Una vez más les falle a los demás, Dijo Porfirio al niño mientras en su rostro sucio las lágrimas caían. 
Soy un maldito, un condenado, un inútil que vino al mundo a afectar. No es cierto-Dijo el niño acercándose a él y rodeándolo en brazos, hoy salvaste una vida y quisiste ayudar a otra mas sin conocerla, si no fuera por ti, yo también estaría muerto. 
¡Gracias por luchar por mi hermanita! 
Porfirio no sabia que hacer, había aprendido a olvidar toda sensación por el contacto con otras personas, y ahora estaba allí, aferrado a los pequeños brazos de un niño. Afuera las balas habían cesado mas no los gritos de ayuda, así seria ya cualquier sitio a donde Porfirio pensara irse. 

Parte 4: Luz. 
Porfirio no sabía cómo reaccionar, al principio, quiso salir corriendo olvidar que él también era un ser humano, la guerra, el niño y la hermana muerta, los gritos… todo; pero algo broto en él desde lo más profundo y abrazo al niño no solo por responder y consolar al niño, sino porque así abrazaba y aceptaba su humanidad nuevamente y lloró junto con el niño por todo lo cobarde que había sido, por no haber podido defenderse de sí mismo y vivir. 
 En ese momento, el niño secó su llanto, mientras Porfirio estaba de rodillas lo miró a los ojos y lo tomó de la mano. 
Salieron. Solo Dios sabía que les deparaba la vida allá afuera, pero ya eran libres.
Saludos Jovenes Ilustres!

4 Comentarios:

Ya lo leyeron???

yo no!!! de que trata?? jajajajaja

Jejeje nomás por ganarle Nestor :D

jajajaj lo publique y me fui pero si me gano mi querida luzy!!